viernes, 29 de agosto de 2014

BARRIO POBRE.



En el arrabal, del pueblo, en los confines...
Era un barrio de espinas.
A ráfagas, existía un concilio de geráneos y jazmines,
perfumando alguna esquina.
Esquinas de tinieblas oscuras
que la piel de la pobreza tenían por nodriza.
Desamparo a mansalva en calles empedradas,
sin esperanzas,
con destierro de milagros;
por las que pasaban
pieles con ecos de nostalgias,
de los que, desafiando idiomas, emigraron
en gesto de rebeldía.
Barrio rehén y legatario de sudores
y heredero de cantadas arrogancias
a pesar de los rotundos fracasos
de quienes se encadenaban al vino.
Pero siempre con estridencia de gorriones
y un horizonte de ramajes y sueños
de obstinados destinos.

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